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Aventuras en Nueva Zelanda

En 2016 Nueva Zelanda sufrió el, hasta ahora bautizado, terremoto más raro del mundo. Al menos 12 fallas independientes se rompieron. La isla Sur se desplazó hacia laNorte. En algunos lugares se elevó el terreno hasta 8 metros de altura, en otros descendió unos 2 metros. En la costa de Kaikoura se resquebrajó una granja de territorio de 200km de largo. Y aún, en 2019, las carreteras siguen en obras. Comprensible si tenemos en cuenta que Nueva Zelanda está situada sobre dos placas tectónicas, con varios volcanes activos y cadenas montañosas de por medio.

El país kiwi es conocido por sus cambios climatológicos, por sufrir terremotos, inundaciones y, si me apuras, tsunamis. Todo, en el mismo día.

Ya íbamos sobre aviso que las condiciones cambian rápidamente, sobre todo en la isla Sur, ya que es la más salvaje. En nuestros planes teníamos previsto visitar el Fox Glacier pero cuando íbamos en esa dirección las señales de la carretera decían que la Sh6 estaba cerrada hasta el 12 de abril. Aún así decidimos seguir y probar suerte, ya que estábamos a 9 de abril y quizás podíamos acampar un par de días en la zona del glaciar y hacer caminatas.

Después de una noche de tormenta decidimos seguir hasta el Fox Glacier, pero cuando llegamos hacía tan mal tiempo que habían cerrado la carretera que llevaba al parking del glaciar (desde el mismo parking se suponía que se veía pero estaba todo nublado) y suspendieron todos los trekkings. Nuestra idea de pasar la noche allí pagando algún camping no tenía sentido si ni siquiera podíamos hacer algo en el glaciar. Preguntamos en varias tiendas, gasolineras y en el centro de información. Nos contaron que debido a una tormenta el 29 de marzo se había derrumbado un puente y no sabían si estaría la obra lista para el 12 de abril.

Una pareja que iba en coche nos contó que había un tal Tim no sé qué que había transformado su camión en un transbordador para ayudar a los coches a pasar por el módico precio de $200, solía hacerlo con furgonetas no muy grandes, pero si llovía y se ponía peligroso no cruzaba. En realidad al compararlo con los aproximadamente $300 que cuesta la gasolina para dar toda la vuelta por el mismo sitio, no era una idea tan descabellada. Sin embargo, la señora de la gasolinera nos dijo que seguramente Tim no cruzaría ese día por el mal tiempo. La pareja decidió probar suerte. Me pregunto si lograron cruzar o se ahogaron en el río. Nosotros al final decidimos dar la vuelta hasta Wanaka, (a unos 260km de distancia). Entre el glaciar y Wanaka solo había montaña, vegetación, ríos, precipicios y lagos. Algún pueblo de 3 habitantes y un solo camping gratuito.

La lluvia no daba tregua. Los ríos comenzaron a desbordarse y las cascadas caían con mucha fuerza. La carretera que habíamos tenido que cruzar para llegar al glaciar estaba llena de curvas, zonas de desprendimientos, puentes de una sola dirección y alguna que otra obra. Ya nos había dado canguele al ir y ahora había que volver lo más rápido posible. Además, a las 5 de la tarde comienza a oscurecer.

Íbamos con la furgo en segunda, medio ahogada, subiendo una cuesta enorme. De pronto nos encontramos varios coches parados en fila. ¿Y ahora? Por lo visto una cascada se había desbordado y la carretera estaba inundada. Uno de los chicos de tráfico nos dijo que igual se podía cruzar por la tarde y nos recomendó quedarnos en un camping a 5 minutos de allí que, aunque él decía que era gratis, era lowcost (tenía honesty box y los guardas pasaban temprano a revisar). Le hicimos caso y fuimos, por la tarde intentamos cruzar de nuevo, pero habían puesto vallas para cerrar definitivamente la carretera. Dormimos allí sin que nos multaran y nos fuimos temprano para ver si podíamos cruzar. No paró de llover en toda la noche.

Por la mañana, la carretera tenía aún la valla, pero justo la estaba abriendo un ranger que nos dio indicaciones sobre cómo cruzar el tramo de la cascada. Había que ir por la izquierda, pegados al precipicio porque la cascada no solo había inundado la carretera, sino que había hecho un agujero enorme y levantado el asfalto. Hasta me bajé del coche para verlo, era una locura que eso lo hubiera hecho solo el agua. Una vez pasada la cascada, seguimos contentos hasta que vimos que el coche de delante se paraba de nuevo ante otra valla cerrada. Pero, pero, pero al poco llegó el ranger para abrirla. Seguimos un buen trecho y… ¡otra valla! Claro, los de tráfico del otro lado habían cerrado para que no pasara nadie hacia la cascada. El coche de delante, como era pequeño, pasó entre el lado derecho de la valla y el límite de la carretera. Si resbalaba la caída no era broma. Qué huevos. Nuestra furgo no cabía, así que tocaba esperar mientras se acumulaban detrás otros coches. Nadie tenía señal para llamar a emergencias en carretera. Llovía y yo estaba de los nervios. Una vez más, atrapados. Esperamos una media hora y al final nos abrieron unos trabajadores que llevaban una pala para las obras del otro lado. La siguiente puerta tenía el candado abierto, así que solo tuvimos que empujar y salir pitando de allí. ¡Libres de nuevo!

Cuando salimos de Wanaka hacia Ashburton, un policía super majo nos puso una multa. Hicimos un ceda en lugar de un Stop ¡en medio de la nada! Y salió tranquilamente detrás de nosotros con las luces y las sirenas puestas. Con un megáfono nos indicó que paráramos. Fue un mero trámite. Él sabía que tenía que cascarme la multa y yo no podía hacer nada para convencerlo.

-¿Cómo es la señal de Stop en España? -preguntó el policía

-Mmm igual

-¿Y cómo hacen los stops en España?

-Bueno solemos mirar a cada lado y si no viene ningún coche pasamos.

Charlamos sobre nuestro viaje y nos recomendó que acudiéramos a una fiesta típica por el día nacional. Al final hasta le di las gracias. Y así fue como nos soplaron $150 en un momento (nos dio una tarjetita con el importe y un número de referencia para pagarla online antes de 20 días, muy cómodo todo).

Seguimos dirección Cheviot para usar la wifi y comprobar el estado de las carreteras pues la Sh1 hacia Kaikoura estaba cerrada por desprendimiento de rocas la tarde anterior. Si vais a Nueva Zelanda, sobre todo en la isla Sur donde las carreteras son peores, hay muchas carreteras de montaña, desprendimientos, inundaciones y cosas que pueden hacerte cambiar los planes.

A la mañana siguiente comprobamos el estado de la carretera, y aunque había obras, estaba abierta así que hacia allí que fuimos. Llegamos al Kean Point, donde se ven un montón de focas y luego luego decidimos seguir hasta el Parque Nacional de Abel Tasman. Cerca de Nelson (a 45 minutos) oímos un ruido y algo se rompió en el motor. Era un correa de dirección del volante. Paramos en una gasolinera para llamar a la agencia de la furgo, pero al ser domingo no lo cogieron y les dejamos un mensaje. Un señor, que estaba pagando en la caja, escuchó nuestra conversación con la dependienta y se ofreció a echarnos una mano. El hombre, ya con una edad, se puso a cuatro patas y revisó el coche, llamó a un amigo suyo que era mecánico y nos dijo que podríamos llegar a Nelson con cuidado porque el volante estaba tan duro que costaba mucho girar. Qué cosas que justo el tramo que nos faltaba por hacer era una carretera que descendía por las montañas, llena llenita de curvas. Pero llegamos al camping sin más accidentes.

Por la mañana fuimos a Nelson, que estaba a unos 12km y dejamos el coche en el taller. Llamamos a la agencia y el mecánico le explicó a la de la agencia lo que le pasaba a la furgo. Hay que decir que la furgo estaba bastante viejita y por eso nos salió tan barata. 3 horas más tarde ya estaba el coche arreglado. No tuvimos que pagar nada. Primer atisbo de buena suerte.

Como veis el tiempo es inestable y si vais con pocos días es mejor ir a lo seguro. Nosotros teníamos 35 días para hacer la isla Norte y Sur. Sin embargo, hubo trekkings que no pudimos hacer por mal tiempo ya que, primero, no se veía nada y, segundo, era peligroso. Además, eran los más emblemáticos (y duros): Taranaki (unas 4 horas) y Tongariro (unas 7 horas). Y los dos glaciares: Fox y Franz Josef. Eso sí, aventuras para contar no nos faltaron.

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